Carta pastoral de los obispos de Ohio sobre un compromiso renovado con una cultura de la vida

Un compromiso renovado con una cultura de la vida: Carta pastoral de los Obispos de Ohio sobre la protección de los niños en el seno materno y el acompañamiento de las mujeres

 

Estimados hermanos y hermanas en Cristo,

 

“Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1). Toda vida humana es un don gratuito de la mano de nuestro Creador que nos ama.

La Iglesia en los Estados Unidos presta especial atención al gran don de la vida que Dios nos da y a nuestra responsabilidad hacia este don durante el mes de octubre. Las amenazas a la vida y la dignidad humanas requieren un testimonio público coherente y compasivo. El fundamento de la doctrina social de nuestra Iglesia —que toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, posee una dignidad otorgada por Dios— nos impulsa a defender enérgicamente al niño no nacido, a resistir cualquier intento de legalizar el suicidio asistido por un médico y a trabajar para poner fin al uso de la pena de muerte en nuestro estado.

Este octubre, queremos crear conciencia sobre el trágico aumento de los abortos inducidos en Ohio tras la aprobación en 2023 de la enmienda que otorgó protección constitucional al aborto en nuestro estado, y fomentar la solidaridad con los niños no nacidos y sus madres a través de la oración y la acción. Desde 2024, el número total de abortos en nuestro estado ha aumentado un 15%, y aproximadamente el 21% de las mujeres que se someten a un aborto provienen de otros estados.1

Gran parte de este aumento puede atribuirse a la facilidad de acceso a las píldoras abortivas que se recetan virtualmente y se obtienen por correo, según el Departamento de Salud de Ohio.1 Mientras la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos continúa facilitando esta práctica, la cultura del descarte prospera sin freno y fuera de la vista pública, en el aislamiento del propio hogar. Esta facilidad de acceso puede dificultar que las mujeres que se enfrentan a circunstancias difíciles durante el embarazo encuentren a las personas y los recursos que puedan ayudarlas a considerar alternativas y recibir apoyo antes y después del nacimiento del niño. Como ya ha sucedido en nuestro estado, un agresor puede obtener estas drogas y obligar a una mujer a abortar sin que ella lo sepa.2 La reducción de la supervisión médica puede aumentar el riesgo de que una mujer no reciba la atención médica indispensable si surgen complicaciones.

Independientemente de las decisiones de nuestros líderes políticos nacionales de mantener el statu quo o de las limitaciones de la legislación de Ohio para proteger tanto al niño en el seno materno como a la madre, la misión de la Iglesia permanece inalterada. Debemos hacer todo lo posible por proteger y defender a los más débiles y vulnerables: los bebés inocentes en el vientre materno. Debemos alzar la voz en el ámbito público para insistir en que la dignidad humana no depende de las capacidades, la riqueza ni la posición social de una persona. Los no nacidos, los ancianos o los enfermos terminales, e incluso quienes han cometido un crimen atroz, son amados por Dios y merecen que aboguemos por ellos para proteger sus vidas.

Santiago advierte contra una fe que ofrece palabras sentimentales y oraciones a un hermano o hermana necesitado sin hacer nada para satisfacer sus necesidades concretas (cf. Santiago 2, 15–17). Debemos tomar esta advertencia muy en serio. La oración debe conducir al acompañamiento; la convicción debe inspirar la caridad.

Como obispos, queremos invitarnos a nosotros mismos y a nuestros fieles a una profunda autorreflexión, porque la credibilidad de nuestro testimonio provida depende de nuestra fidelidad a la enseñanza de la Iglesia sobre el Evangelio de la Vida al proclamar la verdad en la caridad y, en gran medida, de si los más necesitados pueden experimentar una Iglesia compasiva dispuesta a acompañarlos sin vacilar, especialmente en sus momentos más desesperados y temerosos. Nuestro testimonio cristiano queda incompleto si alzamos una mano para proclamar “no al aborto” sin extender la otra, con compasión, hacia las madres que necesitan ayuda, o si decimos “no al suicidio asistido” sin brindar apoyo a las personas enfermas, solas o que no pueden salir de casa. Debemos acompañarlos como el Buen Samaritano, compartiendo concretamente el amor de nuestro Señor Jesucristo. Debemos tener la valentía de acercarnos a las personas vulnerables en lugar de esperar a que vengan a nosotros.

 

Como cristianos, es importante que nos hagamos preguntas esenciales:

 

  • ¿Una mujer que se enfrenta a circunstancias difíciles durante el embarazo creería que podría acudir a una parroquia local para recibir el amor de Cristo, apoyo material y acompañamiento compasivo? ¿O un padre asustado ante un embarazo inesperado encontraría a otros hombres dispuestos a acompañarlo, guiarlo y apoyarlo en la aceptación de sus responsabilidades?

 

  • ¿Una mujer o un hombre que carga con las heridas de una experiencia de aborto en el pasado sabe que aún puede acudir a la Iglesia como un lugar de perdón, esperanza y sanación?

 

  • ¿Una viuda o un viudo que acaba de recibir un diagnóstico terminal sabría que su parroquia le acompañará al acercarse el final de su vida?

 

  • ¿Nuestras acciones expresan nuestra convicción de que ningún ser humano está más allá de la posibilidad del arrepentimiento y de la reconciliación con Dios, y de que su vida también tiene dignidad?

 

Como obispos, les estamos profundamente agradecidos a ustedes, los líderes y voluntarios de los ministerios parroquiales y de nuestras comunidades, que apoyan a las mujeres embarazadas, a las madres necesitadas, a los ancianos y a las personas encarceladas. Su labor demuestra que es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad de nuestra cultura. Ustedes son misioneros de Jesucristo, quien nos dice que servimos a Dios cuando mostramos amor a los necesitados. “No se inquieten” (Juan 14, 1) por una sociedad que valora la eficiencia y el individualismo extremo por encima del acompañamiento personal. En momentos de desaliento, recuerden que la victoria de la vida ya está ganada en Cristo. Su labor no es en vano.

Cada uno de nosotros está llamado a participar en la construcción de una cultura de vida, a través de la oración, el servicio y el testimonio fiel del Evangelio en todos los ámbitos de la sociedad. Invitamos a todos los católicos de Ohio a renovar su compromiso con la oración y la acción para la protección de la vida humana y la plena realización de las familias a través de:

 

Oración y Adoración

  • Iniciativas de oración, ayuno y devoción eucarística para la protección de la vida.

 

  • Integración del respeto por la vida humana en la vida litúrgica y devocional, utilizando los recursos proporcionados por la Oficina de Actividades Providas de la USCCB.

 

Iniciativa pastoral basada en la parroquia 

 

  • Formación de parroquias como centros de educación, acompañamiento y apoyo.

 

  • Colaboración con ministerios locales que atienden a mujeres embarazadas y madres que crían a sus hijos, a personas que sufren soledad o atraviesan situaciones de sufrimiento, así como a personas encarceladas.

 

Testimonio público y defensa 

  • Fomento de una ciudadanía comprometida basada en la doctrina social de la Iglesia.

 

  • Colaboración continua con la Conferencia Católica de Ohio y la USCCB para abogar a favor de políticas que protejan la vida, apoyen a las familias, ayuden a los ancianos necesitados y pongan fin a la pena de muerte.

 

En nuestros tiempos, muchas ofensas contra la naturaleza sagrada de la vida humana suelen pasar desapercibidas. El aumento de los abortos en Ohio lo subraya. Sin embargo, no nos dejamos llevar por la desesperación. Confiamos en que donde abundan el pecado y el dolor, sobreabunda la gracia. (cf. Romanos 5, 20)

Que cada uno de nosotros responda de nuevo al llamado de Cristo a amar y servir a los más necesitados, para que juntos podamos construir una sociedad en la que toda vida humana sea acogida, valorada y protegida desde la concepción hasta la muerte natural.

 

Unidos a ustedes en Cristo Jesús,

 

 

Share To Social Media

Stay up to date with all things happening at the Diocese of Youngstown.
Subscribe to Our Newsletter Here

Find A Parish

Support Catholic Charities